Nou mil raons, 2026
Exposición individual
Tuesday to Friday, 17.01.26 – 13.02.26
“L’Horta de València és una comarca de terra agrícola mil·lenària on perviu un patrimoni natural, cultural, històric i arquitectònic gairebé única a Europa. Un autèntic tresor de la saviesa popular que, des dels anys seixanta, ha estar en el punt de mira d’interessos polítics i econòmics especulatius, així com d’un suposat concepte de progrés que ha amenaçat el seu futur. Però, des del primer dia, les excavadores s’han hagut d’enfrontar a una resistència silenciada que amb el temps ha esdevingut imparable” (Gavaldà, 2016).
Bien como agrupaciones de personas afectadas, colectivos militantes o plataformas más amplias, la autoorganización social ha dado respuesta tanto a las agresiones territoriales físicas como a las simbólicas a lo largo de las últimas décadas en València. Así, desde principios de los años ochenta, l’Unió de llauradors i ramaders, Associació d’Amics de l’Horta, Coordinadora per la defensa de l’Horta, Assemblea Comarcal Ecologista l’Horta, Plataforma Per un Cinturó d’Horta, Acció Ecologista Agró, Associació de Veïns i Veïnes de Natzaret, Junta d’afectats per l’ampliació del tram ferroviari Valencia-Tarragona, Comissió Promotora de la ILP per l’horta, Salvem l’Horta de Benimaclet, Salvem l’Alqueria del Barbut, Universitat d’estiu de l’Horta-Per L’Horta, Defensem La Punta-Salvem l’Horta, la Col·lectivitat Agrícola de La Punta, Per L’Horta, Salvem l’Horta Vera Alboraia, SOS Alboraia, Compromís pel territori, Plataforma contra l’AVE de l’Horta Sud, Alboraia Horta i Litoral, SOM Horta, Coordinadora Horta Viva Sense Autovia, Salvem l’Horta de Vera-Alboraia, Associació De Veïns i Veïnes Castellar-L’Oliveral, Salvem Catarroja, Horta és Futur, Assemblea del CSOA, Cuidem Benimaclet, Horta és Futur NO A LA ZAL, Taula Per La Partida de Dalt, Més Horta Menys Formigó, Forn de Barraca son sólo algunos de los nombres que habitan la memoria de la lucha local.
En algunas ocasiones, la respuesta social ha permitido paralizar proyectos agresores, en otras, aún no habiendo visto cumplidas sus expectativas, ha contribuído de forma significativa a la generación de un caldo de cultivo, del cual han surgido y se han afianzado nuevos movimientos sociales, así como cierta respuesta institucional como la Estrategia Agroalimentaria Municipal del Ayuntamiento de Valencia en 2016, la aprobación de la Ley y el Plan de Acción Territorial de la Huerta (PATH), que tienen por objeto proteger y conservar este territorio agrario, y responden en gran medida a demandas sociales, en 2018 o también la publicación del Plan de Desarrollo Agrario de la Huerta de Valencia desde el Consell de l’Horta (órgano supramunicipal) en 2019.
No obstante, fuera de los procesos de transmisión oral de experiencias propias, se trata de una historia aún difícil de rastrear, que existe recogida de forma fragmentaria en algunas publicaciones y otros formatos. Es ese sentido, quizás la aportación más relevante, en cuanto a publicaciones sobre el tema sea La Batalla de l’Horta (Llopis, 2016), de Enric Llopis en colaboración con Per L’Horta, publicada en 2016, que aborda diferentes conflictos territoriales locales en las cinco últimas décadas.
Nou mil raons se plantea desde el deseo de contribuir a la visibilización y divulgación de la memoria de la defensa del territorio local y de su genealogía. El proyecto propone una serie piezas realizadas a partir de documentación y lemas encontrados en diferentes archivos físicos y digitales de colectivos y personas vinculadas a la defensa del territorio local desde los años ochenta hasta la actualidad, abordando de esta manera, la naturaleza estructural y sistemática de la violencia ejercida sobre el territorio y la respuesta colectiva continuada ante ésta.
Fondos documentales consultados:
El Punt espai de lliure aprenentatge
Arxiu personal de Vicent Torres
A través del archivo del proyecto A hores d’ara:
Fondo documental de Per l’Horta
Fondo documental del Col·lectiu Ecologista Rosella
Fondo documental de Salvem El Pouet
Arxiu personal d’Eduard Pérez Lluch
Arxiu personal d’Enric Navarro
Arxiu personal de Carles Dols
Resistir es crear
Álvaro de los Ángeles, texto para Nou mil raons.
Tuesday to Friday, 17.01.26 – 13.02.26
«Donde hay poder, hay resistencia.»
Michel Foucault
Como parte del Plan Sur aprobado en 1961, la ciudad de València tenía previsto crecer paulatinamente hasta alcanzar una población aproximada de tres millones de habitantes. Otra previsión era convertir el antiguo cauce del Turia en un conjunto de vías férreas y autopistas que enlazaran Madrid con el mar. Para la avenida del Oeste se planeaba una prolongación que atravesaría Ciutat Vella y conectaría la plaza de Sant Agustí con el cauce del río. La de Blasco Ibáñez, el antiguo Paseo Valencia al mar, llegaría por fin a la playa y daría sentido pleno a su nombre primigenio, aunque para hacerlo necesitara atravesar una parte importante del Cabanyal y el Canyameral, dos de los Poblados marítimos anexionados a la ciudad a principios del siglo XX y ecosistemas prístinos de la vida marítima urbana. La Autoridad Portuaria de Valencia necesitaba una Zona de Actividades Logísticas a toda costa para ampliar su competencia mundial, aunque eso supusiera eliminar una manera de vivir asentada durante cientos de años y destrozar unos terrenos agrícolas de gran valor patrimonial y natural en la pedanía de La Punta.
No obstante, un cuarto de siglo después de las expropiaciones en La Punta —declaradas ilegales— y pese al asfaltado de la ZAL —lo que hace irreversible el terreno— las actividades de esta «infraestructura vital» para el desarrollo de València siguen sin comenzar. El Plan Sur, que debía finalizar en 1968, lo hizo finalmente en 1972 y sin cumplir por suerte sus expectativas demográficas. En 1976, ya muerto el dictador Franco, el recién nombrado Rey Juan Carlos I donó gentilmente el antiguo cauce del río al Ayuntamiento. «El llit del Túria és nostre i el volem verd» fue una histórica reivindicación ciudadana que desembocó en el jardín del Turia actual, ejemplo de cómo un espacio natural puede acondicionarse, ya sin su función inicial, para usos recreativos, deportivos y culturales. La avenida del Oeste quedó atascada al llegar al Mercado Central y durante décadas ha dejado deprimido el barrio de Velluters, encajonado entre sus bloques de viviendas y la Ronda interior resultante del derribo de la muralla cristiana. La ampliación de Blasco Ibáñez recibió una de las contestaciones más justas, creativas y atronadoras de la ciudad, tal vez únicamente comparable a las demandas del Turia, «El Saler per al poble» o la lucha por la ampliación del Jardí Botànic en contra de la construcción de un hotel en el solar de Jesuitas. Han sido los diversos colectivos Salvem y Per l’Horta quienes han defendido iniciativas que, en otro contexto menos depauperado por la dupla interesada entre la política y el mercado, hubieran sido un patrimonio nacional protegido y el ejemplo óptimo de cómo puede combinarse la vida dentro de un contexto relevante, pues València incluye en su municipio el Parque Natural de la Albufera, con el progreso económico y social de la zona y de su comunidad.
La transformación urbana de la ciudad en los últimos cincuenta años es vastísima si incluimos los PAI y los nuevos barrios creados hacia todos los puntos cardinales. En este tiempo, la fisionomía de València se ha transformado y crecido hasta engullir la huerta circundante, esa que da nombre a la comarca de l’Horta y de la cual es su capital, para convertirla en un espacio que, siendo como es productivo, siempre se encuentra amenazado por una idea de progreso mal concebida y ejecutada.
Ante la sensación de pérdida de ecosistemas, de valores patrimoniales, sociales, culturales, arquitectónicos o urbanísticos, quienes han sido expulsados, o están amenazados o excluidos de una forma de vida que desearían poder hacer compatible con la sociedad que les promete todo el tiempo novedades y cambios que no necesitan, la ciudadanía, se organiza como resistencia. Como dice Foucault, «donde hay poder, hay resistencia», porque el poder no es «una cosa; el poder son relaciones entre individuos. Una relación que consiste en que uno puede conducir la conducta del otro». Y, por lo tanto, esa conducción genera una reacción cuando no se desea ser conducido/a de una manera precisa. Es en esa línea de actuación donde se encuentra y desde donde actúa la exposición de Anaïs Florin Nou mil raons, un título abreviado de la proclama poético-activista «Nou mil raons per l’horta i la revolta».
Anaïs Florin (Cannes) es una artista visual asentada en Valencia que trabaja en y con el contexto, que emplea los archivos documentales como herramienta transversal entre pasado, presente y futuro y que realiza intervenciones, en su mayoría públicas, a partir del trabajo activista de organizaciones, plataformas y redes ciudadanas. Su manera de proceder es sencilla y contundente; poética y política a un tiempo. A partir de los eslóganes que los colectivos emplean en sus acciones de protesta, por lo general frases concisas y cargadas de sentido, la artista realiza pancartas que incluyen una correlación continua de mensajes. El resultado no es una única proclama, sino algo parecido a un tejido de textos que, con su intervención, adquieren una vida nueva que no responde a la de la lógica del texto, sino a la urgencia de su comunicación. Es decir, en las telas manuscritas, de las que aquí se exponen dos, una de ellas doble, el contenido funciona como caja de herramientas que sintetiza y resuelve una parte del conflicto, la que defiende la ciudadanía afectada por decisiones antagónicas a sus intereses comunes. Al mismo tiempo, genera algo distinto: un todo que es mayor que la suma de sus partes, pues plantea que el arte es un medio que cuestiona, un lenguaje que denuncia, «una forma que piensa» (Goddard).
El final del artículo «Alegoría de la política», de Giorgio Agamben, expresa algo que puede fácilmente vincularse con la difícil tarea de discernir lo que es justo y, asimismo, con el trabajo de Anaïs Florin: «El verdadero conocimiento no es una ciencia, sino más bien una vía de salida. Y es posible que hoy esta coincida con una resistencia tenaz, lúcida y ágil en el mismo lugar donde nos encontramos». La exposición, junto a las lonas que congregan proclamas de más de una docena de colectivos defensores del territorio y dos fotografías, reúne, en una mesa, el material de documentación que ha servido a Florin como base de datos para asentar su trabajo en el contexto preciso. Todo ello como forma de resistencia, como ejemplo de creación.
